Cadáver Exquisito

El cadavre exquis fue un juego colaborativo que inventaron los artistas surrealistas, en el que cada jugador escribía o dibujaba una parte de la hoja y se la pasaba al siguiente jugador, de esta forma, todos componían un dibujo o relato juntos.

Con este relato he querido rendir homenaje a los surrealistas. A partir de un concurso en el que se tenía que adivinar el fotograma de una película, propuse el premio de formar parte de un cadáver exquisito. ¿Por qué este premio? Porque considero que a veces los premios tienen que ser una experiencia con los demás, que te saque de la cotidianidad, así que aquí va el resultado. ¡Disfrutadlo!

sorteo tinta rota fargo.jpg

[1er jugador]

No había forma de volver atrás. Casas en llamas, perros aullando y el cielo gris. En las calles solo quedaban los resquicios del ataque que había tenido lugar hacía tan solo unas horas. Las familias, presas del pánico, corrieron a sus coches para abandonar el que había sido su hogar durante tantos años. Los niños, angustiados, gritaban y pedían auxilio a sus madres, que temerosas les abrazaban mientras aguantaban el llanto. Parecía el final de un lugar y de sus gentes. El final de un pueblo en el que, sin embargo, nunca había pasado nada. Aquel paraje agreste no cambió con el tiempo. El mundo giraba mientras Cuatro Molinos permanecía inmóvil en la historia. Sus aspas siempre permanecieron impasibles ante el viento; un viento fuerte, como el ataque que les tocó vivir. Sus habitantes perdieron todo: casa, bienes, tierras, familiares, amigos, amantes… nunca supieron qué pasó exactamente.

Todo comenzó una mañana, mientras los pequeños dormían y los mayores se dirigían a sus puestos de trabajo. De repente, un ruido estruendoso se escuchó cerca de la iglesia del pueblo: estaban siendo atacados.

[2º jugador]

Los transeúntes, paralizados por aquel ruido ensordecedor, no daban crédito a lo que sus ojos veían. Apenas cuatro años después estaba volviendo a ocurrir. Asistían asombrados al avance de aquellos que, no hace mucho, arrasaron con todo a su paso una vez. Tras unos instantes de estupefacción llegaron las primeras reacciones entre los habitantes del pueblo. Algunos corrieron a esconderse en las pocas casas a lo largo de la calle Mayor que aún permanecían con los portones abiertos. Otros, los más cercanos a la iglesia, trataban de huir en dirección al parque Lineal con la esperanza de poder atravesarlo y ponerse a salvo tras los aligustres y olmos mientras que unos cuantos, atenazados por el miedo unos o la ira otros, veían como las fachadas del Paseo de la Libertad, renombrado así cuatro años atrás en conmemoración de lo que creyeron ya nunca más les podrían volver a arrebatar, se volvían a teñir de terror, sufrimiento y sangre al paso de aquellas bestias. De repente el avance cesó. Todo quedó quieto por unos instantes. Segundos sordos que dieron paso a un horror mayor, un horror inclasificable.

[3er jugador]

Debía tomar una decisión, sería falso aceptar que no había esperado encontrarse en algún momento en esa encrucijada, aunque la situación le había tomado con la guardia bajada. Mientras internamente se debatía en un sinfín de pensamientos fugaces, podía oír cómo le esperaban en el exterior, no sabía quién, pero el constante andar y los suspiros alejados no le permitían dejar de recordar que tarde o temprano debería explicarlo todo. Poco a poco empezó a entrar en una espiral de recuerdos inconexos y, mientras se le nublaba la visión, el fuerte palpitar de la sangre en sus oídos que percibía como un centenar de soldados marchando con acelerado ritmo aniquilaba cualquier otra percepción del mundo a su alrededor en esos instantes. Sin darse cuenta, de pronto se encontró en un oscuro pozo entramado por su propio ser, ese ser horroroso y dejó de percibir por completo su entorno. Todo había dejado paso a una oscuridad aberrante. Y cuando creía que no quedaba posibilidad de volver a salir de aquel lugar… habló, y se oyó a si mismo hablar. Estaba tan aterrado que no sabía exactamente qué debía decir. Pero también sabía que llegar a un acuerdo iba a ser la única forma de salir de ese pozo al que había sido arrastrado, decidió pensar y elegir sus palabras con cuidado, no tenía mucho tiempo; pero tampoco podía pecar de falta de precaución.

[4º jugador]

Su cabeza siempre se atascaba en este tipo de situaciones. Unas palabras se pegaban con las otras, y al final, sólo un aullido sordo era lo que conseguía abrirse paso y salir a la superficie. La presión de saber que una palabra de más o una de menos podía ser el detonante de una amarga situación lo dejaba sin ninguna de ellas. Tenía la garganta llena de bilis y la cabeza a punto de estallar. Se sentía como las primeras veces a la puerta de su camello. Con su cabeza intentando dominar la situación, luchando por la sensatez, para acabar rendida por una fuerza aún mayor, la fuerza física. El cuerpo midiendo sus fuerzas contra la mente. Pero esta vez, tragó saliva, y bilis y todo lo que pudo tragar para que, la cabeza, que está en lo más alto de nuestro cuerpo, alzara su voz y dijera: “No, no voy a hacerlo”

[5º jugador]

Giró su dignidad, dio el paso más difícil y empezó el camino del olvido, del no retorno. Le llevó paso a paso, a dejar cada instante en cada piedra, todo dolor en las cloacas y cuando ya no pudo ver y se había convertido en un punto negro y duro en su corazón, las briznas de su memoria encontraron un pequeño sendero de felicidad, chispa que inició todo desde un principio.

 

Gracias a Javi, Cogollos, Sara y Esther.

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